Donde Siempre Vuelvo.
No sé quién toma la decisión de marcharse: quizá Alaric, quizá yo, quizá ninguno de los dos.
Solo sé que, cinco minutos después, estamos caminando de regreso hacia el automóvil mientras Lucian y Herrera continúan discutiendo.
No los escucho, no quiero hacerlo.
Siento que, si permanezco un minuto más cerca de esos hombres, voy a terminar creyendo que toda mi vida fue una mentira.
El aire frío golpea mi rostro.
Respiro hondo, no ayuda. Alaric camina a mi lado completamente en silencio.
No me toma