Viral.
El murmullo del aula no se disuelve cuando Alaric me saca de allí; se queda pegado a la piel, como si las miradas hubieran encontrado la forma de seguirme incluso fuera del espacio físico.
Su mano no suelta mi muñeca mientras avanzamos por el pasillo, y no es un gesto protector. Es demasiado visible para eso. Demasiado deliberado.
Cada paso que doy con él así es una confirmación más de lo que todos ya están pensando.
No digo nada al principio, tampoco él.
El sonido de nuestros pasos es lo único