AURORA
El hombre no se sentó. Ni siquiera fingió ser educado. Se quedó de pie cerca del mostrador con los brazos cruzados, recorriendo lentamente la galería con la mirada, como si ya estuviera decidiendo qué se llevaría primero si las cosas salían mal. Me puso los pelos de punta.
Este lugar no eran solo paredes y cuadros. Era la vida de mi tía. Cada grieta en la pared, cada estante desnivelado, cada rincón polvoriento representaba años de esfuerzo.
"Ya he esperado suficiente", dijo. Su voz era