AURORA
Me quedé frente al espejo más tiempo del necesario, mirándome fijamente como si de repente me diera respuestas. Me temblaban un poco las manos y no dejaba de frotármelas, intentando tranquilizarme. Hoy importaba. Sentía que todo dependía de cómo transcurriera el día, y solo eso me oprimía el pecho.
Ensayaba mentalmente lo que le iba a decir a mi tía. Primero los cumplidos. Quizás una broma, algo ligero. Luego los halagos. A la tía Lila le gustaba el respeto. Le gustaba la disciplina. Le