El aire entre ellos ya no era solo tensión. Era odio acumulado. Era destino. Axel permanecía de pie, inmóvil, con esa postura que no cedía, que no dudaba, que no se quebraba. Frente a él, el hombre sostenía el arma con una calma inquietante, mientras el bebé dormía ajeno a la tormenta que estaba a punto de desatarse.
Pero algo había cambiado.
No en el ambiente.
En la mirada de Axel.
Había algo allí… una chispa distinta.
No emoción.
No miedo.
Reconocimiento.
Sutil.
Casi imperceptible.
Pero sufic