La tensión ya no era invisible.
Era física.
Se sentía en el aire como electricidad antes de una tormenta, como si el más mínimo movimiento fuera suficiente para desencadenar el caos.
Axel Fort seguía de pie, inmóvil, con esa frialdad que parecía inhumana.
Pero ya no era la misma calma de antes.
No.
Había algo distinto en él.
Algo más oscuro.
Más decidido.
Frente a él, Gael Franco lo observaba con una sonrisa ladeada, el arma aún firme en su mano, mientras el bebé descansaba a un lado… tan peque