Vittorio avanzaba alrededor de él, despacio, como un depredador que aún no ha decidido si va a matar a su presa o a aliarse con ella. Sus pasos eran seguros, su rostro tenso, la mirada fija en cada gesto, cada respiro que Antonio soltaba con esa sonrisa de medio lado, tan conocida como peligrosa.
—Está bien —dijo por fin Vittorio, con voz grave—. Te ayudaré. Pero hay una línea que no vas a cruzar, Antonio. Y el primero, el más importante, es Aurora. No voy a dejar que le hagas daño a Aurora. No