Vittorio avanzó con paso seguro, su brazo enlazado con el de Fiorella. Su porte distinguido y la elegancia natural con la que se movía acentuaban su presencia, atrayendo miradas curiosas y expectantes. Sin embargo, mientras cruzaban la entrada del gran salón, los labios de Fiorella se curvaron en una mueca de desagrado al ver a Aurora.
Aurora se veía radiante, su rostro iluminado por una sonrisa encantadora que no parecía fingida en lo absoluto. Vestida con un elegante vestido negro parecía com