Mientras tanto, en una cabaña aislada en medio del bosque, la escena era muy distinta. El lugar estaba maltrecho, con las paredes cubiertas de humedad, el techo con agujeros por donde se colaba el frío. El viento se colocaba entre las rendijas, y un olor rancio impregnaba cada rincón.
Aurora estaba atada de pies y manos sobre un viejo colchón en el centro del cuarto. Su cabello revuelto caía sobre su rostro, su respiración era agitada. No apartaba los ojos de Ulises, que se encontraba sentado j