Dante abrió los ojos con una sensación de pesadez en la cabeza y un sabor amargo en la boca.
Su respiración era entrecortada, y un dolor punzante en las muñecas le hizo entender que estaba atado. Intentó moverse, pero los amarres en sus muñecas lo mantuvieron firmemente en su lugar.
Su vista estaba borrosa, pero al parpadear varias veces, su entorno comenzó a definirse, una bodega fría y oscura, con un aroma rancio de humedad y óxido, y por supuesto a escremento, las ratas y cucarachas pasaba