Mientras tanto, en la mansión de Dante, el cielo comenzaba a teñirse de rojo en el horizonte cuando Dante cerró el mapa sobre la mesa de madera del despacho.
Las coordenadas finalmente habían llegado, confirmadas por uno de los informantes que Giuseppe había enviado días atrás.
La ubicación era clara: no estaban en la misma ciudad. Aurora había sido trasladada a una casa aislada en las afueras, más allá de los límites conocidos. Eso explicaba por qué había costado tanto encontrarlos. Y ahora,