Tenía que aceptar que si su intención era sorprenderme lo habían logrado, sentí mi cara ponerse roja, mierda, que buen espectáculo que le habíamos dado.
Miré a mamá y papá quienes se me acercaron rápidamente y me envolvieron en un abrazo.
— Hija, Feliz cumpleaños —los abracé de vuelta y le agradecí—.
— Pero mamá, ¿qué hacen aquí en Francia?
— Pues, queríamos pasar el día de tu cumpleaños contigo pero entendíamos que debías trabajar —hizo un puchero—. Pero James nos ayudó a conseguir los boletos