El pitido incesante hacía que la cabeza me doliera. Me quejé mientras abría mis ojos y trataba de acostumbrarme a la oscuridad en la que me encontraba. Toqué mi cabeza encontrándome con una venda, así mismo pude notar que tenía la pierna derecha enyesada.
De pronto alguien salió corriendo en la oscuridad, dejando que un poco de luz entre al lugar cuando salió. Más personas empezaron a llegar, todas vestidas de blanco. La luz de la habitación se encendió.
— Señorita Davis, ¿se encuentra bien?
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