Mundo ficciónIniciar sesiónOficialmente la remodelación en el Watford había iniciado. El área estaba abarrotada de instrumentos y material de trabajo, asimismo, de trabajadores especializados en diferentes rangos. Todos ellos vistiendo los conocidos chalecos naranjas, llevando cascos y gafas de construcción.
La arquitecta Toone caminaba por los aparatosos corredores, llenos de escombros, explicando por enésima vez las proyecciones del diseño al director general de la casa de subastas. Meditabunda en su trabajo, ignoraba estar sutilmente vigilada por Paul quien se había desentendido de su papel como contratista, absorbido por su atractivo. Le había dicho que estaba casada, a pesar de eso no figuraba ninguna sortija nupcial en su dedo. Eso le daba un soplo de esperanza, suponiendo que Lauren sea una mujer buscando gozar de ciertas libertades individuales que el matrimonio condena, o quizás se había casado con un pretendiente torpe, que no la llenaba como mujer. Otra tentativa, más negativa, era que no utilizaba la sortija en el trabajo por miedo a perderla o deteriorarla, no sería la primera mujer en prevenirse.
Sería más fácil decir que fue amor a primera vista, pero Paul desestimaba la franqueza de lo que esto significa, así que las premisas que valdrían para explicar el sentimiento que lo asechaba resultaban débiles, mejor dicho superficial. Precisaba de un par de ojos coloridos y una mirada encantadora, y sus labios expresivos iluminaban su rostro con cada sonrisa. Si tuviera que explicar por qué se enamoró de una mujer casada, ciertamente, musitaría: “por qué es la mujer más hermosa que he conocido.”
Paul escuchó una voz que lo sacó del letargo y se giró de inmediato, correspondiendo a la ingeniería Maslo, dueña de ese llamado. Leslie no pudo contener una sonrisa de diversión, viéndolo ensimismado por su amiga.
-Las láminas de polietileno que encargaste armonizan bien con la fachada, solo deberás solicitar unas medidas más grandes: un centímetro y medio más. –le ordenó cordial.
-Lo haré en seguida. –dijo diligente, sacando el celular de su bolsillo.
Leslie bailó su curiosidad entre Paul Benson y su amiga; harían una bonita pareja. Ambos bien parecidos y dedicados al mismo campo de trabajo. Además, no tenía nada que lo asemejara a Arthur, era el candidato perfecto para limpiar su huella en la vida de Lauren.
-Hay otros detalles que afinar, pero consideramos adecuado discutirlo hoy en la noche. –se apresuró en decir Leslie cuando aún gozaba de su atención. -¿Conoces el Redwood Bay?
-¿El restaurante? –preguntó asegurándose de entender. Maslo afirmó con entusiasmo. –Acaso no es mejor tratar este asunto en una junta de personal.
-No es algo en lo que deba intervenir la firma completa, solo detalles. Podemos llegar a una conclusión; usted, su servidora y, por supuesto, la arquitecta Toone. –propuso Leslie, armando la encrucijada con el carisma de quien planea una atrocidad.
Paul no encontró razones para negarse, aunque seguía pareciéndole fuera de serie tratar asuntos de la empresa en un restaurante de cinco estrellas. Lo justificó con que sería, quizás, el método de trabajo de la compañía. No todo tenía funcionaba como el Prism Architecture.
Se excusó con su compañera e hizo la llamada. Leslie sonrió para sí misma. Un cabo ya estaba atado. Faltaba el segundo que seguía ocupado en cosas de trabajo, esperaría hasta que se hubiera desocupado.
Sacó el celular de su bolsillo cuando recibió un mensaje de texto de su padre.
"Hola, cariño ¿has podido hablar con Arthur?"
Suspiró desganada volviéndolo a guardar, reservándose una respuesta que todavía no tenía. Le enfadaba que Arthur creyera a su padre un ingenuo, más que lo engañara, todo por carecer del valor suficiente para decirle que su matrimonio ya había acabado. La mentira se le caería más temprano que tarde. Tenía que decírselo.
(…)
De regreso en la firma, Lauren guardó constancia de lo que se había realizado en el primer día. Asumió el cargo de directora del proyecto y ofreció algunas declaraciones a diferentes medios de comunicación, también garabateó su firma en algunos contratos. El entusiasmo se reflejaba en sus fisuras, más concreto, en su sonrisa que pareció adherirse a su rostro. Era la primera vez que estaba al frente de un gran proyecto y se creía con las capacidades para hacerlo un éxito.
A través del intercomunicador, su secretario le informó que el señor Crawley solicitaba verla. Lauren no lo hizo esperar.
-Felicidades, Mrs Maslo. No pude haber elegido una mejor cara para el Watford. -alagó el señor Crawley, llenando el pasivo ego de Lauren. Aún no le decía de su divorcio, por lo que no se molestaba en corregir el apelativo con que se refería a ella. -Sé que pondrás en alto el nombre de la empresa.
-Le agradezco la oportunidad.
-No vine hasta acá para decirte lo obvio. La firma ha sido contrata para la construcción de un hotel - spa, y quería conocer tu opinión acerca de quién puede ser el arquitecto a cargo del proyecto. –explicó el director de la empresa, a la expectativa de la mujer, que estaba asombrada porque pidiera su consejo. Eso era nuevo, significaba que confiaba en ella para más que un proyecto. Lauren hizo su mejor esfuerzo por no perder la razón y dar saltos en un pie, emocionada.
-Señor Crawley, si usted desea, puedo hacer una lista de las fortalezas y virtudes de mis compañeros. Estoy segura de que hay algunos de ellos aptos para el trabajo. –vociferó graduando su voz para no desentonar de su aspecto profesional. Prosiguió cuidando, no solo sus palabras, también su ego. A nadie le agrada un presumido. -Aunque no por eso me excluiría como posible candidata.
-¿En verdad está dispuesta a hacerse cargo de un segundo proyecto? Considere que el arranque de la construcción del hotel no demoraría lo que el Watford en terminar. Estaría al frente de dos grandes proyectos. – apuntó Crawley, queriendo prevenirla. Pero Lauren ya no pensaba con lógica, le ansiaba la oportunidad de poner en pruebas sus capacidades deseando lucirse. Aspiraba con codicia.
-No me postulara si no me creyera capaz. -dijo con aplastante seguridad, convincente para cualquiera. Crawley sonrió ampliamente deslumbrando su diente de oro, pocas veces su sonrisa era así de grande. Sellaron el acuerdo con un apretón de manos.
El jefe se despidió, dejándola en la privacidad de su oficina donde pudo dar pequeños saltos de emoción. Seguía creciendo en su trabajo. La puerta se abrió sin previo aviso cortando tajante sus saltitos.
-¿A qué debes tanta alegría? ¿Acaso ya le dijiste que "sí" al atractivo contratista? -dijo Leslie acomodándose en el asiento que antes ocupó Crawley.
Lauren menguó su júbilo, lo suficiente para sentarse como una persona razonable.
-Sé que estuviste con él hace unos días, dándole un tour privado por la casa de subastas. –insinuó Leslie con picardía.
-No intentes hacerlo parecer una excursión al cuarto rojo de Christian Grey. Era trabajo y nada más. –debatió a su ex cuñada aun con su sonrisa indeleble en el rostro.
-Por la manera en la que te miraba hoy, sé que él no lo habrá dejado solo en "trabajo."
-Siento decepcionarte, pero es así. No pasó nada fuera de lo estrictamente profesional.
-Pero tuvo que haber algo, una pequeña insinuación al menos.
-Sin insinuaciones. Aparte de medidas y planos no hablamos de nada. Bueno, me preguntó cuánto tiempo de casada tengo. –dijo Lauren como si fuera poca cosa, a Leslie se le iluminaron los ojos.
-Y... –la presionó, ansiosa de conocer detalles.
-¿Y?
-¿Qué pasó cuando le dijiste que estabas separada? -Lauren balbuceó intentando dar una excusa, pero antes de lograrlo, Leslie volvió a hablar. –Porque sí lo sacaste del error ¿cierto? Le dijiste que tu matrimonio se acabó.
-Es posible que haya olvidado aclarar un par de cosas.
-Maldición, amiga. –vociferó echándose hacia atrás en la silla, decepcionada. -Estás dejando que las oportunidades pasen de largo.
-Qué esperabas, no soy una cazadora de hombres. La seducción es un arte propio de tu hermano. Además, tener sexo de una noche con un compañero de trabajo es muy poco ético.
-¿Quién ordena que sea de una noche? –expuso Leslie abriendo sus brazos. –Intenta una relación formal con Paul. Conócelo, tal vez te sorprenda y esté buscando lo mismo que tú.
-¿Y si no?
-Lo dejas como amorío pasajero y que sea un secreto profesional. –Lauren la reprendió con la mirada. –Por lo pronto, estamos invitadas a una cena en el Reedwood Bay, cortesía de Benson. Tendrás oportunidad de aclararle tu situación sentimental esta noche.
-¿Por qué nos invito a una cena? -cuestionó confundida. Leslie se encogió de hombros fingiendo estar tan sorprendida como ella.







