Capitulo 6

En toda su vida, Arthur había concedido solo dos primeras citas a dos mujeres: la primera fue a Lauren. La segunda llegaría en cualquier momento.

Había transcurrido mucho tiempo desde aquella primera vez, muchas cosas habían cambiado desde entonces. Ahora estaba en la terraza de un Starbucks bebiendo capuchino, vestido con ropa de etiqueta, nada semejante a su primera cita cuando su estilo de vestir era despreocupado igual que el resto de su vida. Como el seductor empedernido que era no aceptaba un conquista fallida, así que, un día cualquiera, decidió dirigirse al campus; a la habitación de Lauren.

La puerta estaba abierta, aun así golpeó para llamar la atención de Lauren, concentrada en su libreta de estudios.

-Leslie no está aquí, presenta un examen extraordinario en el auditorio catorce. -informó Lauren regresando a sus apuntes. Arthur sintió la libertad de entrar y sentarse en la cama de su hermana.

-Sí lo sé, me ha hablado de eso toda la semana. Pero no vengo por ella, sino por ti. -Lauren levantó su mirada como si de pronto hubiese recordado lo que pasó entre ellos hacía algunas noches atrás.

-Buscas una revancha ¿cierto?

-Busco ganar y usaré cuántos intentos sean posibles, así que alístate, te invito a una cita. -dijo queriendo convencerla. Aunque Lauren sí estaba antojada de sus juegos de seducción, el pudor que conformaba parte de su esencia la frenaba.

-No estoy segura de que sea una buena idea. -expresó borrando lánguidamente la sonrisa en su rostro. -Me divertí mucho en el club esa noche, y preferiría que lo que sea que haya sucedido entre nosotros termine allí.

-¿Que termine allí? Ni siquiera ha empezado. -refutó Arthur negándose a darlo por perdido. Por un instante creyó que le estaba tomando el pelo, que de nuevo lo vacilaba. No tardó en darse cuenta que Lauren hablaba muy enserio.

-Tengo varios trabajos que terminar, también debo repasar algunos temas y no sé de dónde sacaré las horas para hacerlo todo.

-No te quitaré mucho tiempo. -insistió Arthur. -Ni siquiera tendrás que salir del campus, podemos tomar un café espresso en la cafetería.

-Arthur, no es necesario...

-No me marcharé hasta habernos tomado un espresso. –cuando se lo proponía podía llegar a ser muy obstinado, igual que su padre. Esperó al hilo del suspenso que reflexionara, al fin aceptó.

-Bien, solo un café. –y ambos bajaron a la cafetería.

Si lo pensaba, Arthur no podía creer cuánto había sucedido desde ese café que acabó en más que en "uno," hasta el altar los llevó. Veía el capuchino en su mano y dudaba que tuviera el mismo poder. Si la magia de los instantes se repitiera, entonces no habría nada de especial en la vida.

Notó que Alison, su cita se acercaba. Llevaba el cabello suelto, una negra cascada que se contoneaba al son de sus pisadas, y sus hombros se abrían desbordando confianza. Arthur le correspondió la sonrisa y se puso de pie para recibirla en la mesa.

-Me da gusto que hayas podido venir. -le dijo con honestidad. No se hubo de sentar hasta que ella lo hiciera primero.

Al cruce de un camarero, Arthur le pidió otro capuchino y un café sin azúcar para Alison. A la chica le había resultado extraño su mensaje pidiendo una cita en un Starbucks a medio día. Tenía claro que era un seductor, y los hombres como él actuaban de noche, en un ambiente con cerveza y otros licores. Un café de día era un plan que correspondía más a los amigos. Aun así, asistió intrigada por lo que pudiera significar.

-Puedo preguntar: ¿A qué viene todo esto? -dijo Alison, que no se dejaría engañar dos veces por el mismo hombre, aunque Arthur estaba lejos de esas intenciones.

-¿Acaso un hombre no puede invitar un café a una chica bonita sin que pareciera tener segundas intenciones? -vociferó con picardía. Alison sonrió, agradada por su carisma. Guardó un mechón de cabello detrás de su oreja.

-Crees que soy bonita. –añadió la joven mujer, quizás con un poco de soberbia. No era una línea improvisada de repente por Arthur, esa galante frase hacía parte de su recopilación de halagos, que bien podría ser añadida al "Manual de un gigoló." Se lo decía a todas, y cada una reaccionaba diferente, aunque caían en el juego, solo Lauren la encontró patética.

-¿A cuántas le has dicho lo mismo? -preguntó la joven estudiante de arquitectura, escéptica y con una ceja levantada, desagrada por tan ridículo intento.

 La cafetería del campus estaba, como de costumbre, concurrida por estudiantes que necesitaban litros de café para prepararse a sus exámenes.

-Eres la primera. –quiso engañarla, pero la ceja de Lauren seguía levantada y su expresión escéptica solo se acentuaba.

-Atravieso el segundo año de arquitectura, estudiando temas avanzados en aritmética  y algebra, no puedes tomarme por una tonta. –le dijo cortando cualquier intento de excusa. Arthur se echó a reír admitiéndose un farsante. -Si quieres impresionarme tendrás que ser más creativo. Estás desperdiciando tu primer intento con frases patéticas y no tendrás muchos, aprovéchalos.

-Empecemos desde cero ¿te parece? -dijo Arthur. Nunca antes le había resultado tan difícil conquistar a una mujer. -¿Eres algo más que una estudiante de arquitectura? -Lauren reflexionó unos minutos, al final dijo:

-No realmente. Tengo una meta que cumplir con una fecha trazada: debo graduarme en tres años si quiero convertirme en alguien importante en el sector, los jóvenes eruditos tienen mejores oportunidades que los veteranos aprendices.

-Tienes tu vida perfectamente planificada desde muy pronto. -observó Arthur sin querer dar su opinión que debatía directamente su filosofía. No le parecía saludable estar volcada a una actividad tan demandante sin siquiera permitirse un respiro de vida.

-¿Qué hay de ti? Eres algo más, además de un seductor nocturno que asecha en bares y discotecas. –el sarcasmo con el que habló lo hizo reírse.

-Creo que no. -fue todo, no lo pensó siquiera. A Lauren le pareció una filosofía vaga, aparte de triste.

-¿Acaso no tienes aspiraciones?

-Pocas en realidad. Lo que más fuerte resuena en mí es convertirme en un empresario al estilo de Musk; sin tener que ir a Harvard u otras universidades. -seguía pareciéndole vaga, incluso más. –Tal vez inaugure un hotel o un club nocturno, puedo empezar por ahí.

-¿Y qué me dices de tu vida "sentimental"? -engulló la palabra en comillas; no creía que los hombres como Arthur tuvieran sentimientos.

-No quisiera presumir, pero me va bastante bien. -dijo tirando a la arrogancia. Lauren se apresuró en debatirlo.

-No me refiero a tu vida sexual. ¿Cuál ha sido tu relación más larga? Un compromiso, aunque sea de adolescente. -Arthur pensó. No estaba seguro si un noviazgo de tres meses podía contarse como largo, al final de cuentas había durado una semana más que el anterior, y no se trataba de un verdadero compromiso, nunca la presentó a sus padres, tampoco la llevó al cine ni le escribió cartas de amor. En ese entonces, Arthur se hallaba en aprietos cuando le preguntaban por su compromiso más largo. Pero ahora, después de su matrimonio, entendía a qué se referían.

-Diez años. -respondió a Alison, interesada en saber cuánto tiempo estuvo casado. Diez años es un compromiso casi eterno para un seductor.

-¿Por qué terminaron? –continuó inquiriendo. La primera vez le había dicho que ella se había mudado a Europa, evidentemente no era cierto.

-Ella... -carraspeó sintiendo la garganta seca, aunque eran las palabras, tímidas a encontrar su voz. Antes de continuar, Arthur entendió que no era capaz de decir la verdad. -La primera vez te mentí y no pretendo volver a hacerlo, así que prefiero no hablar de eso o tendré que ingeniarme una nueva mentira, esta vez difícil de descubrir.

-Tu ex esposa sí que logró engañarme esa noche. -dijo Alison con amargura, si pensaba en ella solo podía sentir enojo. -Apuesto a que fui su mejor burla.

-No lo creas así, Lauren solo bromeaba lo hace con todas las mujeres que he llevado a casa. -la defendió conociendo su interior, en Lauren no había espacio para oscuros sentimientos.

-¿Han sido muchas? -Arthur se incomodó. La mirada de Alison era pesada como si una respuesta mala lo llevara a la guillotina.

-Algunas. -estaba ansioso por cambiar el tema. -Tú no me dijiste a qué te dedicas, o lo olvidé.

-Soy residente en el hospital privado Pacific Crest. Obtuve un promedio excelso en la universidad así que logré saltarme unos cuantos años y ganar una importante plaza.

-Es grandioso, te felicito. –alagó sorprendido. Podía asemejarse a Lauren en pequeños rasgos. -Supongo que tuviste que sacrificar muchas horas de sueño y divertirte poco para conseguirlo.

-Absolutamente no. No sacrifiqué nada, todo se dio por azares de la suerte o algo parecido. Dejo mi vida en manos del destino, pasará lo que tenga que pasar. -dijo con la seguridad de un supersticioso. Era en detalles así que desentonaba a Lauren.

-No creo en los azares del destino. Creo que todo lo que suceda, sucederá por mí y mi determinación. -recordaba Arthur las palabras de la aspirante a arquitectura. Al terminarse el café, Lauren lo llevó a pasear por los coloridos y vivaces jardines del campus. -Por eso es que me esfuerzo tanto en alcanzar mis metas.

-Está bien, pero ¿dónde dejas la diversión? y no te hablo de embriagarse en un bar y terminar la noche en la cama con un desconocido, eso es lo mío. -Lauren se rió. -Tendrás algún pasatiempo, algo que despeje tu mente y recargue tus energías cuando sientas que no puedes más.

-No lo necesito. Cuando las cosas se planean con minuciosidad y se trabaja acorde con esa línea que trazaste, la vida fluye naturalmente sin mucho afán. -dijo segura. Arthur humedeció sus labios pasando su lengua.

-No lo discutiré. -todavía no lo convencía su filosofía. Lauren no hablaba con soberbia ni superioridad, aunque se describiera como un ser casi inmortal. -Solo te diré que cuando necesites un escape puedes llamarme.

 Su primera cita terminó allí, cuando un guardia de seguridad empezó a desalojar del campus a cualquiera que no fuera estudiante.

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