Los ojos verdes azulados de Lauren estaban henchidos y enrojecidos de tanto llorar, tumbada en su cama, no le apeteció hacer otra cosa. Vació su dolor en un mar de lágrimas hasta quedar seca. Arthur la acompañó todo el tiempo, atento a sus necesidades, aunque para nada lo ocupó, sino para sostener su mano. Le conmovía el dolor de su esposa, pero, por el papel que interpreta en la novela, llorar le parecía retorcido. Un despropósito desvergonzado. Por su culpa ella sufría. Él era el causante de