Al cabo de un rato, las oficinas de Crawley fueron abismándose en la oscuridad. Solo porque los guardias de seguridad iban presentándose en su puesto de trabajo, Lauren tuvo la imposición de marcharse. Estaba contenta; al menos, logró adelantar una importante cantidad de trabajo, ya se esperaba los cumplidos de parte de su jefe; nada podía llenar más su ego. Fue como revivir los viejos tiempos, cuando los guardias debían obligarla (casi literalmente) a abandonar su cubículo. Entonces, se jugaba