133. Cena de Cuatro
El restaurante Da Luciano es una burbuja de luz dorada y manteles de lino almidonado. Huele a trufa negra y a dinero viejo; un escenario demasiado romántico para la autopsia emocional que estamos a punto de realizar. Mientras esperamos, mi mano derecha traza círculos obsesivos sobre mi vientre de diecisiete semanas. Es un gesto inconsciente, un mecanismo de defensa primitivo: protege a la cría.
—Ahí vienen —murmura Max. Su mano aprieta mi rodilla bajo la mesa, un anclaje físico para mis nervios.