131. Daño Colateral
CAMILA
Las llaves se me resbalan de los dedos tres veces antes de lograr encajarlas en la cerradura. Mis manos no obedecen; tiemblan con un ritmo propio, espasmódico. Cuando la puerta de mi apartamento en Chamberí finalmente cede, yo también lo hago. Me derrumbo. No camino hacia el sofá. Me deslizo por la madera fría del suelo hasta quedar sentada contra la puerta cerrada, abrazando mis rodillas.
Dos semanas. Solo catorce días después de que Diego me mirara a los ojos y pidiera "tiempo". Y hoy..