113. Siempre Fui Yo
Sus manos están en mi rostro, enmarcándolo con una ternura que hace que todo lo demás desaparezca. La frase cuelga en el aire entre nosotros: Dime qué quiere tu corazón.
La verdad se alza en mi garganta como una marea inevitable, pero las palabras se sienten inadecuadas para la magnitud de lo que estoy sintiendo.
Sin pensarlo conscientemente, elimino los últimos centímetros de distancia entre nosotros. Mis manos se posan en su pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazón bajo mis palmas, y