Eran las nueve de la noche.
Camila había tardado veinte minutos en llegar al estudio desde el piso de Diego. Caminó la mitad del trayecto. Necesitaba el aire y el ruido de la calle. La cabeza demasiado llena para el metro.
El estudio olía a café viejo y papel. Encendió la lámpara del escritorio. Se sentó frente a los planos de Lavapiés sin verlos de verdad.
Sofía les dirá que conocieron a su mamá.
Eso era lo que había dicho Diego. Sin mirarse. Desde la puerta. Como si la frase tuviera peso prop