El Café Gijón a las diez de la mañana tenía la luz particular de los sitios que llevan décadas siendo los mismos y lo saben.
Luz amarilla. Madera oscura. El murmullo de la máquina de café mezclado con el de dos conversaciones en voz baja que no eran la suya.
Camila llegó a las diez menos cinco.
No fue táctica. Fue hábito. Llegar antes que nadie a un sitio desconocido era algo que hacía desde los años de Buenos Aires, desde los trabajos que dependían de que tú conocieras el terreno antes que el