Llegamos a la casa, que ya no sentía como mía ni tampoco como un lugar seguro, sino como mi prisión de lujo, de la cual no podré escapar nunca más si no actúo cuanto antes.
Lo observé en silencio desde una esquina, como si fuera una presa rogando que su depredador no la descubriera. Se veía tan tranquilo y feliz. Todo lo contrario, a como yo me sentía en ese momento.
“Claro, si consiguió nuevamente lo que quería. A ti” Me dijo mi vocecita más realista.
¿Cómo voy a hacer para escapar de este