El vaso de whisky cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos, pero Nicolás ni siquiera se inmutó por el estruendo, se había quedado completamente dormido en el sillón, roncando suavemente, desplomado con las piernas extendidas y los brazos caídos a los costados.
Me levanté sigilosamente de mi sofá, con miedo a que fuera alguna de sus bromas de borracho. Caminé hacia él, esquivando los vidrios rotos y escuché su respiración, era regular y pausada. Examiné el suelo, casi no había whisky en él, se