No pude dormir en toda la noche, atormentada por los besos que me robó Omar. No podía dejar de pensar en él: su aliento, sus labios, la forma en que su mirada penetraba en mí. Era el prometido de mi hermana, y eso lo hacía aún más incorrecto, pero el deseo que despertó en mí era innegable.
A primera hora, me dirigí a desayunar con Livia y Elena. Opté por un vestido corto, uno que destacaba mis curvas y que, a pesar de todo, me hacía sentir poderosa. Sin embargo, al entrar en la cocina, noté l