Omar Del Valle
Estoy completamente enojado. Desde que Emily se marchó, siento que la rabia me invade; nadie puede calmarme. No soporto mi vida, ni mi trabajo, ni a Elena. No soporto a nadie.
El dolor de cabeza es intenso, una consecuencia inevitable de haber bebido demasiado la noche anterior. Me paso una mano por el rostro, intentando despejarme, pero no hay forma de escapar de esta tormenta de emociones. En ese momento, suena el timbre de la puerta de mi departamento.
—¡Omar, ábreme! —grita