Alessandro Del Valle.
El peso de la desesperación y el dolor me aplastaban mientras me encontraba en el vestíbulo de mi casa, devastado por el rechazo de Esmeralda. Las lágrimas fluían libremente por mis mejillas, una mezcla de tristeza y rabia que no podía contener. Mi madre, con su voz aguda y desafiantes, rompió el silencio, una furia palpable en cada palabra.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? —preguntó mamá, sus ojos inyectados en rabia.
—La perdí, mamá. Ya no quiere volver a verme... —mi voz