Esmeralda Salvatierra
Cuando me desperté, mi mente estaba nublada y confundida. Parpadeé varias veces, intentando enfocar la vista en mi entorno desconocido. La habitación en la que me encontraba era lujosa, con cortinas pesadas y muebles de madera oscura. Todo parecía elegante, pero frío y distante, como un lugar donde la riqueza se imponía sobre la calidez.
Al tratar de incorporarme, noté que mi cuerpo se sentía pesado, como si algo me hubiera debilitado. En ese momento, la puerta se abrió su