Esmeralda Salvatierra
No podía creer que me hubiera entregado nuevamente a ese miserable de Alessandro. Después de todas las cosas horribles que me hizo y dijo, no era más que un canalla. Y aún así, me acosté con él. ¿Qué estaba pensando?
Me desperté en una habitación que apenas reconocía. Las sábanas estaban desordenadas, testigos mudos de una noche de pasión y arrepentimiento. Me senté en el borde de la cama, sintiendo una mezcla de furia y vergüenza arder en mi pecho. Al intentar recoger mi