Esmeralda Salvatierra
Lloré todo lo que debía llorar en la habitación de la casa de mi padre, mi cuerpo sacudido por sollozos incontrolables. Luego de un tiempo que parecía interminable, me levanté de la cama con la determinación de no dejarme hundir más por un traidor como lo era Alessandro Del Valle. Si él no quería a mi bebé, era su problema; él se lo perdía, no nosotros a él. Me acerqué al espejo, limpié mis lágrimas y me di un vistazo a mí misma, decidiendo que debía ser fuerte.
Me dir