Acababan de volver a la suite cuando sonó su teléfono.
El identificador de llamadas la dejó helada.
Carmen.
Se quedó mirando el nombre durante un segundo. Emilio estaba dejando su chaqueta en la silla junto a la ventana y, al levantar la vista, vio su expresión.
«¿Qué pasa?»
«Nada». Ya se estaba dirigiendo hacia el balcón. «Dame un momento».
Salió, cerró la puerta tras de sí y descolgó.
—Carmen —dijo.
—Valentina. —La voz de Carmen era diferente a la que tenía cuando estaba enfadada o se mostrab