Valentina condujo hasta que las luces de la ciudad desaparecieron detrás de ella.
Apenas recordaba las carreteras que había tomado. Lo único que sabía era que tenía que largarse de allí.
Sus manos apretaban el volante con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos, pero siguió conduciendo de todos modos. Cada vez que parpadeaba, veía la misma imagen.
Emilio… Carolina encima de él, cabalgándolo, con las manos de él alrededor de su cintura guiándola.
La sonrisa de Carolina cuando m