—Nada concreto todavía —dijo la voz del jefe de seguridad, medida y profesional—. Pero revisé las grabaciones de tres cámaras de CCTV de la ciudad. Su coche se dirigió al norte. No hay señales de angustia ni nada inusual alrededor del vehículo. No hay indicios de nada más que ella conduciendo.
—Entonces se fue por su propia cuenta.
—Sí, señor.
Emilio se quedó de pie con el teléfono pegado a la oreja y miró la pared.
—Sigan el rastro. Todas las cámaras entre aquí y el límite norte. No me llamen