El restaurante era tranquilo y agradable, y era exactamente el tipo de lugar que no te pedía nada más que sentarte y comer.
Lo había elegido Emilio. Él siempre elegía bien: sitios con suficiente espacio entre las mesas para que la conversación fuera privada, con comida que fuera seria sin resultar pesada. Ella había llegado a reconocer su gusto por los restaurantes de la misma forma en que se reconoce la letra de alguien: específica, coherente, totalmente suya.
No estuvo del todo presente duran