Capítulo cincuenta y seis

El restaurante era tranquilo y agradable, y era exactamente el tipo de lugar que no te pedía nada más que sentarte y comer.

Lo había elegido Emilio. Él siempre elegía bien: sitios con suficiente espacio entre las mesas para que la conversación fuera privada, con comida que fuera seria sin resultar pesada. Ella había llegado a reconocer su gusto por los restaurantes de la misma forma en que se reconoce la letra de alguien: específica, coherente, totalmente suya.

No estuvo del todo presente duran
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