El silencio se prolongó durante un buen rato.
Valentina miró la prueba que Dolores tenía en la mano, luego el rostro de la mujer mayor y, de nuevo, la prueba. Su mente buscaba una salida, pero no había ninguna. Todas las puertas que veía conducían al mismo lugar.
«¿De dónde has sacado eso?», preguntó.
Dolores le dio una bofetada.
La misma mano, la misma velocidad que la última vez, y el golpe cayó de la misma manera: su cabeza se ladeó bruscamente, el escozor se extendió por su mejilla y la hab