—¿Cómo estás, Valentina?
Casi se le cayó el teléfono.
—Me preguntas cómo estoy —dijo ella.
—No llamo para pelear. —Su voz sonaba fácil y relajada. La voz en la que había confiado durante tres años—. Solo quiero hablar. Hay algo que deberías saber sobre Emilio.
—No tengo nada que decirte.
—Lo sé. Solo escúchame. —Hizo una pausa—. Viste la foto en el periódico.
Ella no dijo nada.
—La mujer con la que estaba —continuó Alejandro—. ¿Te dijo él quién era?
—No.
—Te hago una pregunta sencilla, Valentin