Capítulo Veinticinco

Valentina lo vio suceder en el mismo momento en que la puerta se abrió y Emilio vio a Carolina: algo se apagó en él. No de forma obvia —no tropezó, ni palideció, ni hizo nada que facilitara ponerle nombre—. Fue más sutil. Una quietud, rápida, que desapareció antes de que nadie más la notara.

Todavía intentaba interpretarlo cuando Carolina dio un paso adelante y lo envolvió en sus brazos.

No fue un abrazo cortés. Fue un abrazo que significaba algo. Presionó su rostro contra el cuello de él y se
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