Capítulo Noventa y Uno

Las cámaras estaban por todas partes.

Siempre lo estaban en este tipo de eventos, pero esa noche se sentían más presentes de lo habitual: más dirigidas, más específicas. Llevaba a Cecilia en brazos y ella miraba todo con la amplia y despreocupada curiosidad de una niña de tres años a la que las luces brillantes le parecían interesantes. Él era consciente de cada objetivo que se giraba hacia ellos.

No le importaba.

Había pasado tres días leyendo cómo había abandonado a su hija, había negado el e
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