Incomodidad y Humillación.
En la mañana la despertó el intenso olor de las panquecas de su padre. Era inconfundible y ella tenía muchísima hambre.
Luciano aún dormía, tenía el cabello alborotado y su cuerpo yacía boca abajo. Era una sorpresa que el tipo no roncara.
En silencio y con cuidado ella se levantó de la cama para ir a la cocina.
— Buenos días, apá. — dijo en un bostezo.
— Becca, buen día. Hoy desperté de buen humor, así que quise hacerles algo delicioso. Tus hermanos me dijeron que irán contigo a buscar a Ana