Conforme pasaban los días, Hayley no sabía qué hacer para que Hanna saliera de su habitación. No podía dejarla encerrada en aquellas cuatro paredes por tanto tiempo, pues eso solo la sumiría en una depresión más profunda. A pesar de que Hanna intentaba fingir que estaba bien, Hayley percibía la tristeza que se ocultaba en su interior. Muchas noches la había escuchado llorar en silencio, y aunque deseaba ayudarla, comprendía que debía respetar su necesidad de espacio y tiempo para sanar emociona