El desayuno había quedado atrás y, tras un buen rato de conversaciones animadas, los Sinclar y los padres de Evan tomaron la decisión de salir al mar en el yate privado de la familia. El plan era sencillo pero emocionante; navegar hasta encontrar delfines y disfrutar del día soleado. La propuesta fue recibida con entusiasmo por todos, excepto por Hayley, quien sabía que el constante balanceo de las olas solía provocarle mareos inevitables. A pesar de sus reservas, no quiso arruinar