Hayley no supo en qué momento el sueño la había vencido. A pesar de la incomodidad que le provocaba compartir la cama con Evan, el agotamiento había sido más fuerte. Su cuerpo, al relajarse, había cedido a la inconsciencia. Sin embargo, el descanso no duró mucho. Un calor extraño la despertó, haciéndola removerse entre las sábanas. Abrió los ojos lentamente, buscando deshacerse de la manta que la cubría, pero pronto se dio cuenta de que no era la cobija la que provocaba esa sensación sofocante.