Los días habían transcurrido con rapidez, y Hayley, cada vez más inmersa en sus responsabilidades dentro de la editorial, comenzaba a destacar notablemente. Nathan, su jefe, había observado con detenimiento su esfuerzo y desempeño, además de identificar en ella un potencial que no estaba dispuesto a ignorar. Consciente de su talento, decidió darle la oportunidad que creía que merecía.
Aquella mañana, mientras contemplaba la ciudad desde el enorme ventanal de su oficina, Nathan meditó sobre las