Evan había estado ocupado todo el día. Apenas había tenido tiempo de almorzar cuando su secretaria, Susana, entró en su oficina tras golpear la puerta y recibir su respuesta habitual. Sabía que a él le desagradaba que interrumpieran su privacidad de esa manera.
—Señor —dijo, levantando la mirada de la pantalla de su portátil y fijándola en la mujer que aún permanecía cerca de la puerta—. Hay un señor que desea hablar con usted sobre un asunto importante.
—¿Quién es? —preguntó, tomando el teléfo