Los días habían transcurrido, y Hayley se reprochaba haber aceptado la invitación de aquellas mujeres que, a su juicio, no compartían nada en común con ella. Sin embargo, no había podido rechazar la propuesta de Kenia, a pesar de que sabía que no había sido idea de la pelirroja, sino más bien de Eleonor, quien le había solicitado el favor de convencerla. Después de la cena, la insistencia de la mujer en incluirla en sus planes había sido tal que, para no parecer grosera, Hayley se vio obligada