Un par de semanas después, ya tenía acceso completo a internet en mi teléfono. Luca cumplió su promesa: podía llamar a mi padre cuando quisiera, podía navegar, podía abrir las redes sociales. Al principio dudé en abrir mis cuentas antiguas porque había demasiados recuerdos allí.
Pero la curiosidad terminó por vencerme.
Una noche, mientras Luca estaba ocupado con su trabajo en su despacho, me acosté en la cama y abrí el teléfono. Abrí Instagram. Escribí un nombre en la barra de búsqueda.
Ethan R