Al día siguiente era domingo.
La puerta se abrió.
Luca entró con una taza de café en la mano. Ya iba vestido de manera informal: un polo negro holgado que aún dejaba ver su firme pecho, pantalón de tela gris y los pies descalzos. Su cabello negro no estaba peinado con pulcritud como siempre. Algunos mechones le caían sobre la frente.
—Ya estás despierta. Bien. Quiero hablar contigo.
—¿Sobre qué?
Luca dejó su café en la mesita junto a la silla. Del bolsillo de su pantalón sacó varias hojas de pa