Poco después, la puerta del baño se abrió.
El vapor del agua caliente salía en espirales, trayendo consigo el aroma de jabón y champú caros, y detrás de ese vapor, Luca salió.
Desnudo.
Completamente sin una sola prenda de ropa.
Me sobresalté. No porque estuviera desnudo —ya había visto su cuerpo desnudo anoche, en aquella habitación del sótano—, sino porque salió del baño con total naturalidad, como si estuviera paseando por el jardín, como si no hubiera nadie más en la habitación.
Su cabello n