Acaricié el cabello suave de Lucía, sintiendo cada hebra como un hilo de seda que conectaba mi vida con la suya. Su respiración era pausada, su pecho subía y bajaba con tranquilidad. El médico dijo que estaría bien, pero mi corazón seguía desgarrado al ver el vendaje blanco envuelto alrededor de su pequeña cabeza. Mi bebé de apenas ocho meses sintió dolor por mi negligencia.
Luca estaba en el umbral de la puerta, observándome en silencio. Podía sentir su mirada, llena de culpa y preocupación. P