Tres días después de que Luca se fuera, empecé a sentir algo extraño.
Al principio no me di cuenta. Quizás porque estaba demasiado ocupada disfrutando de mi libertad: despertarme sin presión, pasear por el mercado sin Luca a mi lado, charlar largamente con mi padre sin interrupciones. Pero poco a poco, ese presentimiento fue surgiendo, como si hubiera ojos mirándome desde detrás de las paredes.
La primera vez lo sentí mientras me duchaba. De repente me giré hacia el espejo, y por un instante se